Memoria MEMUAC

Memoria de Mujeres Artistas de Chiapas (MEMUAC) reúne a veinte artistas (por lo pronto) que han dejado una identidad en las Artes Visuales en los últimos 17 años en el Estado. Concentrar su trabajo en un espacio, en este caso, digital es muy relevante para las nuevas generaciones y para la cultura chiapaneca. Brindarles la oportunidad de conocer su trabajo que puede brindarles información sobre el arte local ayudará a re-conocer una identidad artística, y una visibilización del trabajo de las artistas. ¿Por qué de mujeres? Durante todos los periodos de la Historia del Arte entre creaciones, rupturas, propuestas estéticas y las vanguardias, las mujeres ocuparon los lienzos, pero no como creadoras sino como simples representaciones. Desde el origen de las manifestaciones artísticas, la mujer siempre ha estado presente en ellas, sin embargo, fue hasta el Siglo XVIII que se registro un ligero incremento de mujeres como artistas. Por otro lado, en la actualidad, a pesar de que esto ha cambiado, por lo menos en México hasta el momento, los recursos y herramientas para conocer la historia de la incursión de la mujer en el arte, en términos de teoría, de acción, de sus consecuencias para la creación e interpretación de nuevas generaciones, han sido escasas y fragmentarias lo que sigue provocando una desigualdad en la información y en la historia. Hablando en el escenario artístico de Chiapas, además de las cuestiones de género también se encuentra las identitarias, el Estado necesita un modelo cultural, un espacio físico y/o virtual para lograr una adhesión colectiva. Un lugar donde se encuentre la historia del arte local que confiera a una estabilidad identitaria. La falta de esta, frecuentemente, se ha visto en la historia es una problemática de las raíces u orígenes. Una memoria es una gran nutriente para la identidad y la construcción de un nuevo canal que impulse a artistas. Un espacio con obras es simbólico para anclar ahí recuerdos, referentes y experiencias. Toda persona percibe, piensa, se expresa y ve el mundo en los términos que le proporciona su cultura. Podemos ver en Chiapas que se ha distinguido por tener buenos artistas como Carlos Jurado, Héctor Ventura, César Corzo, Luis Alaminos, Rodolfo Disner, Franco Lázaro, Ramiro Jiménez Pozo, Gabriel Gallegos, Manuel Suasnávar, Reynaldo Velazquez o recientemente Hugo Huitzi, Jaime Ignacio Martínez, Nacho Chincoya o Jorge Zamorano. El Ateneo de Chiapas en las Ciencias y las Artes ha sido, ciertamente, un campo dominado y muy visibilizado por hombres. Con esto no quiero decir que no hayan existido mujeres pero la historia puede ser que no se haya ocupado de ellas como ha sido marcado en la Historia del Arte hasta el siglo XX por el contexto social de su momento, tuvieron que enfrentar grandes dificultades para <<ser artistas>>, exponer a lado de los hombres y obtener un reconocimiento fuerte como cualquier otro.

Es por ello, que en esta memoria colectiva podemos encontrar a artistas tanto emergentes como artistas con trayectoria. Encontrando a Lucy Ovilla, una artista visual multidisciplinaria que ha compaginado su creación con  la alimentación del espíritu crítico del Ser Humano cargadas de nostalgia, vacío, paz o de humor negro. El trabajo de Brenda Obregón, artista emergente que juega con momentos cotidianos, recuerdos del pasado con el presente, combinándolos con la tecnología. Sandra Gómez en el que su trabajo artístico se caracteriza por ser multidisciplinario encontrando temas recurrentes en su creación como el amor, el erotismo, el género o la infancia. Mariauxilio Ballinas quien por medio de la fotografía tiene la característica peculiar de encontrar el tema de presencia y ausencia en sus imágenes. Cecilia Monroy y su constante denuncia a través de la fotografía. Adriana Morales y su experimentación con técnicas y retratar su contexto inmediato. Cristian Chandomí y su denuncia constante sobre la violencia de género con un toque de humor negro. Evelon Tormenta con sus colores estridentes y el uso del espacio ”público”. Kiki Suárez con sus colores brillantes sobre la cultura chiapaneca. Tania Naranjo y sus pinturas con su post-romanticismo. Licha Matita un referente importante en decenas de libros en el que podemos encontrar sus imágenes, explorando además, toda clase de cosas que estén a su alcance. Dinora Palma, actualmente docente de Gráfica en La Esmeralda, reflexionando constantemente en el terreno autobiográfico y el mundo de lo femenino. Pita Sandía y la creación de sus personajes haciendo uso de las herramientas digitales. Michel Gallegos experimentando diferentes técnicas para plasmar sus imágenes. Johana Uvence y su abstraccionismo ha dejado un precedente en el arte, lejos de lo figurativo. Georgina Román y su mundo lúdico a través de los cortos. Ana Ferral compaginando su creación artística con la ciencia y la tecnología. Ninfa Torres y su hiperrealismo en la pintura chiapaneca. Esta es una primera etapa, faltan muchas artistas por visibilizar en estas disciplinas y en muchas otras. No se trata de presentar a las mejores. Sin embargo, el trabajo de las primeras veinte artistas, han dejado ya, una huella en el arte chiapaneco. Esperamos contar con el trabajo de muchas artistas, en las siguientes etapas.

La memoria tiene como uno de sus objetivos proveer de herramientas visuales y textuales para conocer y navegar en un campo actual, proporcionando acceso a documentación sobre la obra y escritos. El cambio político que se esta produciendo en el mundo y en México debe traerse, cambiar y verse reflejado también en la cultura y el arte. No se trata de enaltecer lo femenino, sin embargo, mientras las estadísticas arrojen una inequidad en lo social, en el Arte y en la Cultura seguirá existiendo la necesidad de impulsar y visibilizar el trabajo de artistas como en cualquier otro ámbito. La memoria colectiva se aprende y se necesita reactivarla de manera constante. La historia de las personas en sociedad es el relato de la eterna adaptación con el entorno.

 

Gely Pacheco

Curadora